Extraños conocidos
El jaque de la ausencia
He de conocerte con los ojos cerrados, con rosas en mis manos y recitando poemas al viento, como si de un viejo amigo se tratase. Te conocí a escondidas de la luna, en otro lugar donde nuestros nombres no eran pronunciados, pero los besos quedaron atrapados en las calles por donde nuestra historia se escribió.
Fuimos dos extraños conocidos, siendo uno solo aun estando divididos por el destino pérfido; plan perfecto para derrochar dolor y lágrimas amargas, como el infierno que es perderte. Fue un salto en el tiempo: un día con besos nos despedimos después de la entrega de nuestros cuerpos, al otro, el silencio dijo adiós sin pronunciar una palabra
Para qué maldecir al destino incierto; sabía que el amor no era lo correcto, pero decidí jugar con el fuego y mataron a mi reina, mi pedestal dorado que ahora ha de pertenecer a las demás piezas negras que juegan con su mirar. Ahora, de vuelta al presente, somos dos rostros que juran no haberse visto, pero que se conocieron desnudos, ocultos por las estrellas.
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