Añoranza de la penumbra
Las lágrimas se han vuelto mi idioma y el silencio, palabras que grito cuando mi cabeza un mar de pensamientos se ha vuelto. Intento comunicarme con la soledad, pero solo mi guitarra es capaz de escuchar mi dolor, incluso cuando intento cubrir con maquillaje la tristeza que mi rostro deja al descubierto.
Encadeno mis manos para no escribir, porque cada letra corta mi corazón y cada párrafo señala mi historia como la novela que nadie quiere vivir. Mis ojos están cansados de las lágrimas que brotan al recordar; aunque trato de ahogar mis mnemósines en tragos amargos, siempre vuelven para atormentar a mi alma, que pide paz en este sufrimiento.
Trago veneno para vivir en las nubes, pero la oscuridad a las ventanas de mi alma no ha querido llegar. Guardo la esperanza de que pronto llegue, me salude de beso y abrazo y me dé su mano para caminar entre el silencio y la ausencia de luz que mi corazón, en su penumbra y letargo, siempre ha añorado.
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