Cartas que nunca se enviarán
A veces, en medio de mi soledad, redacto cartas que nunca se enviarán. En mi alma nace el miedo de escribir, como si mi corazón supiera que no todos los silencios merecen una respuesta.
Quisiera que el viento te susurrara las palabras que mis labios no pueden pronunciar, que revelara mis anhelos que aún viven en el lapso de tiempo de aquello que fuimos, cuando a tus abrazos los llamaba “refugio” de la tormenta de la cual trataba de escapar.
Pero el miedo me ata las manos y apaga mi voz, porque tal vez mi mirada ya se te haga parte del pasado y mi ausencia nunca fue un espacio en blanco. Así que me quedo callado y viviendo en las páginas del libro que el tiempo ha terminado. Espero que un día nuestros caminos, aunque diferentes, rompan el silencio que mi cobardía nunca pudo romper.