Poemas que nadie leerá
Mi mirada al cielo alcé, y solo veía una claridad majestuosa, mientras mi respiración poco a poco se perdía entre la oscuridad del abismo. El principio y el fin encontrados por una sola alma, aquella que ama la vida, pero no quiere transitar entre sus caminos confusos.
Me até a la idea de tres minutos de agonía; sentí que mi cuerpo dejaba de ser mío, y mi corazón —que nunca me perteneció— se desprendía de todo lo que soy. Tal vez esa claridad que vi sea el principio de la catarsis a la que siempre creí pertenecer.
Ahora que estoy en el fondo, mi respiración se ha vuelto parte de lo que fui. Solo estoy yo, rodeado de un silencio que puede ser tedioso si te aferras a la vida. Ahora soy la nada entre tanta existencia y el todo entre la nada, porque sigo vivo en los poemas que nadie leerá.